Pobres Perros

“Esta época muestra una extraña mezcla entre barbarie y humanidad: se asemeja a un archipiélago en donde existe una isla de vegetarianos justo al lado de una isla de caníbales. Un pacifismo extremo junto a una enorme intensificación de preparativos militares; cárceles de lujo al lado de barrios miserables de desempleados; la abolición de la pena capital durante el día, mientras que los Blancos y los Rojos se cortan las gargantas unos a otros por las noches.  Todo esto con un trasfondo de cuento de hadas que refleja un mundo miserable en donde la apariencia de seguridad se mantiene creando consorcios hoteleros”

 

Ernest Jünger, El Trabajador

 

Hace tan solo unos días que vimos por última vez en periódicos, noticiarios y demás libelos la historia de la vaca “Margarita”, una pobre vaca sin papeles, lo que equivale a decir sin forma, que quieren sacrificar pero que media España, por una extraña muestra de humanidad y locura, defiende.  Bien, así estamos.

 

Cada mañana, cuando cogía el autobús, me encontraba al lado de la parada a un señor pidiendo para comer que, a causa de esa desaceleración, luego convertida en crecimiento negativo y finalmente en crisis económica, según palabras del que por entonces era Presidente del Gobierno, se quedó sin casa, sin dinero, sin ayuda, y lo que es más grave: sin amparo. Nos preguntamos por qué a él, con sus nombres y apellidos, si es que aún le quedan, nadie lo defiende.

Nos preguntamos, por qué ningún medio de comunicación de masas levanta la voz, o dedica una indolente columna a los miles de sacrificios de “Margaritas” o “Dollyes” impuestos a los ganaderos españoles por nuestras Administraciones.

 

Nos preguntamos de dónde viene y  adónde nos lleva ese “sobre proteccionismo” que tenemos hacia los animales, más dignos que muchos humanos, pero animales. ¿Qué hemos hecho mal para que nos volvamos locos preguntándonos quién es el descorazonado que puede dejar a su perro atado a una farola (mientras probablemente está en la compra) pero no le echemos, no ya un mísero céntimo, sino una muestra de humanidad y deferencia al que está en la puerta del supermercado pidiendo para comer? He ahí la paradoja de nuestra sociedad, los indiferentes, los que lloran ante la miseria de los humanos, pero no lloran por los humanos. Vivimos como absortos, viendo sin querer ver y sin preguntarnos.

 

Vivimos en una sociedad que se preocupa más de las formas, que del fondo. Vivimos en una época en que es más importante parecer humano, que serlo. Vivimos en unos tiempos en que los vegetarianos ofrecen su mesa a los caníbales para acabar siendo devorados.

 

Vivimos, por tanto, en una época que muestra una “extraña mezcla entre barbarie y humanidad”.

 

Asociación Cívica Hinojoseña.