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EL Gobierno andaluz ha declarado las monterías como Bien de Interés Cultural

fuente :Diario de Sevilla

EL Gobierno andaluz ha ido a declarar las monterías como Bien de Interés Cultural coincidiendo con la marcha del Rey emérito que despeñó su prestigio cazando elefantes en Botsuana. De no estar en un contexto dramático, podría dar para algunas ironías. Pero la cosa no está para muchas bromas. La pandemia avanza, con 300 casos diarios en Andalucía, frisando los 1.500 muertos. Andalucía sigue mejor que la mayoría de comunidades, pero no se frena la multiplicación de brotes. Se ven ya los peores números desde abril. El proceso en V no es la recuperación de la economía, pronostico erróneo de Moncloa que Pedro Sánchez ha acabado por admitir alejando el horizonte de la esperanza, sino la pandemia, que vuelve a las cifras del estado de alarma tras reducirse a mínimos con el confinamiento.

No parece, sin embargo, que la política se imponga exigencias a la altura de las circunstancias. Con la pandemia inquietantemente reactivada, y la economía desplomada, no parece el momento de reclamar un proceso constituyente contra la monarquía, rentabilizando la marcha pactada de Juan Carlos I para provocar una crisis institucional al socaire de la crisis social provocada por la crisis económica tras la crisis sanitaria; pero tampoco para las maniobras orquestales en Ciudadanos con la remodelación del Gobierno andaluz, que esta semana sumó combustible para las especulaciones con la visita de Inés Arrimadas a Juan Marín. Toda la energía debería estar en la pandemia, y en el regreso a las aulas. El Gobierno ha elaborado un decálogo de noventa puntos, que al fin parece haber frenado el descontento de los directores de centros, tras semanas cuestionando el perfil bajo impuesto desde San Telmo, aunque reclaman que se eleve a norma legal para actuar con seguridad jurídica.

Hay prioridades, o debería haberlas, y el regreso a las aulas es básico. En Alemania ya han cerrado colegios apenas abrir. Una mala gestión puede tener un impacto demoledor sobre la desigualdad, donde Andalucía arrastra una mala herencia. Manuel Hidalgo, secretario general de Economía que dimitió semanas atrás –demasiadas dimisiones como para creer que Dios juega a los dados– recordaba estos días que “este riesgo puede minimizarse con dos cosas: un protocolo creíble y la más importante, dinero. Mucho dinero”. De momento, el protocolo mejora, pero los fondos no; y el gasto es un complemento determinante: “contratar, alquilar y/o acondicionar espacios, redefinir horarios, comprar… Sin dinero, el riesgo crecerá”. De ahí que San Telmo sea muy duro con el reparto de fondos del Gobierno, y reclame insistentemente que se impongan criterios de población, PIB per cápita y tasa de desempleo. También se reclama el mismo déficit concedido a País Vasco, que supondría 4.100 millones. Desde el Gobierno se carga contra el PSOE por anteponer los intereses del partido a los intereses de Andalucía al no apoyar esas reclamaciones, y ahora se suma la decisión de Moncloa de hacerse con los remanentes de los ayuntamientos con el voto de los representantes del PSOE en la FEMP. Eso debilita las críticas lógicas de Juan Espadas por endosar a los ayuntamientos responsabilidades en el regreso escolar. Por demás, el alcalde de Granada enfatiza el abandono de los ayuntamientos sin remanentes. La gestión requiere talento, pero, como sostiene el profesor Hidalgo, sobre todo dinero.

El presidente, de hecho, más allá de ofrecer moderación y confianza, debe medirse en la gestión. El discurso de Juanma Moreno no puede quedarse en tener datos mejores que otras comunidades, porque estar mejor no es estar bien. Eso sí, ante los datos generales –la incidencia acumulada en los últimos siete días es entre cuatro y cinco veces menor que en Cataluña, Madrid o País Vasco, y dieciséis veces menor que en Aragón, con indicadores notables de rastreadores, aunque no tanto de PCR– tiene poco sentido el catastrofismo cotidiano, sin matices, de la oposición. Susana Díaz habla de “gestión caótica y dejadez”, con hipérboles seguramente destinadas a satisfacer a quienes piden una oposición a cara de perro. Desde el Gobierno, ponen en énfasis en la contradicción del PSOE andaluz desde que se autoexcluyó de la Comisión de Reconstrucción. El portavoz popular José Antonio Nieto les reprochó que anticipasen sus vacaciones en lugar de estar ahí. El portavoz del PSOE, José Fiscal, replica que “las declaraciones de Nieto están dictadas desde la hamaca por Moreno Bonilla”. Así está el nivel.

Con el PSOE, también Adelante Andalucía abandonó la Comisión de Reconstrucción, pero estos días se han centrado menos en la gestión de la pandemia y más en los ataques a la corona, en su caso sin temor a desestabilizar el Gobierno de coalición Sánchez-Iglesias en el que nunca creyeron. No se cortan en catalogar de fuga la marcha del rey emérito –no busquen literatura comparada con Puigdemont, porque siempre han estado más cerca de los soberanistas– y no se ocultan: “La monarquía no caerá sola (…) Es fundamental levantar un movimiento democrático por el derecho a decidir que pueda organizar un referéndum popular que devuelva la palabra a la ciudadanía”. El entorno Podemos va a aprovechar el descontento social de la crisis para tratar de dirigir esa ira hacia la Corona.

Lo esencial, sin embargo, es la pandemia. Y estar a la altura del reto como sociedad. Pero demasiado a menudo lo anecdótico se impone a lo sustancial. Tras conocerse el decálogo de Educación, con noventa puntos, algunas de las críticas más decididas eran para ironizar que un decálogo son diez puntos, y no noventa. En fin, algunos se quedaron en Moisés y los mandamientos, porque la RAE define decálogo como “conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad”; pero se ve que es tentador debatir de naderías. La política tiene mucho de caza mayor, pero también de caza menor. Siempre será más divertido quitarle una avenida a Juan Carlos I que gestionar la crisis. O polemizar sobre los toros. Eso sí, el Gobierno andaluz debería aclarar por qué en los festejos taurinos se permite un aforo del 50%, mientras se vacían otros espectáculos. Como con el ocio nocturno, hay cosas que no se entienden.

A veces hay demasiado ruido para destilar lo esencial. Esta semana el PSOE ha llevado a los tribunales las polémicas contrataciones exprés, como era previsible, y esto coincide con la reactivación judicial del escándalo de los cursos de formación, con una veintena de altos cargos de la Junta en la época socialista imputados. La política tiene mucho de caza menor, pero también, por supuesto, de caza mayor. Aunque no por eso sea un Bien de Interés Cultural.

Nota bene. Estas Diez Negritas regresarán ya en septiembre, con la vuelta a las aulas y a un curso político de tierra quemada. Este año el otoño caliente entrará pronto en ebullición, con la campaña catalana y la moción de Vox. Los gestos, en la política nacional y en la política autonómica, en las trincheras de los gobiernos y en las barricadas de la oposición, no auguran tiempos de sosiego. La política se impone a la gestión de la pandemia. Si nada cambia, que Dios nos coja… vacunados